Revuelo por los toldos de las terrazas

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Los hosteleros del casco histórico tienen esta Navidad poco cuerpo para fiestas. Y no es solo por el frío. Los bares y restaurantes que tienen toldos con brazos extensibles autorizados en sus terrazas recibieron la víspera de Nochevieja la visita de funcionarios de Vía Pública, acompañados por efectivos de Policía Local, que recordaron a los propietarios que el espacio público no puede quedar cerrado por completo como si fuera una sala más del establecimiento. Los técnicos esgrimieron razones de seguridad, de salud y estéticas. De seguridad porque debe garantizarse el acceso a los vehículos de emergencia, y hay lugares por donde es difícil que accedan ambulancias y bomberos sin hacer grandes maniobras, como en la plaza de San Juan; de salud porque la ley nacional antitabaco permite fumar en terrazas que tengan, como máximo, dos paredes y techo, debiendo quedar al menos uno de los lados totalmente abierto al exterior, medida que casi por sistema se vulnera en Murcia; y estéticas porque hay lugares considerados BIC, como el entorno de la Catedral, Romea, Santa Domingo y Las Flores, cuya contemplación queda afectada.

Murcia es una ciudad de tapeo al aire libre, y las terrazas son una fuente de ingresos para el sector y para la propia Administración local, y de conflictos con los vecinos. El recordatorio del Ayuntamiento no ha sentado bien entre estos empresarios, que temen que sus negocios se vayan a pique si les impiden bajar los toldos en los meses de invierno. Ayer por la mañana, con temperaturas inferiores a 10 grados, pocas terrazas tenían ocupantes. «Es que con este frío, y con los toldos levantados, no se sienta ni Dios», se quejó Ginés Campos, encargado de El Pasaje de Belluga. «No creo que el Ayuntamiento esté pensando en fomentar el turismo. En Belluga apenas da el sol y los turistas no quieren estar comiendo o cenando con bufanda, gorro y guantes. Los locales en esta zona no son por lo general muy grandes, como mucho caben dentro 20 comensales, pero con la terraza podemos mantener el negocio abierto. Pero se están poniendo muy exigentes. Esto solo pasa en esta ciudad». En Belluga las seis terrazas cumplían ayer la ordenanza. En San Juan y en Cristo del Rescate, en cambio, la mayoría mantenía los toldos echados.

Serge Ambit, gerente de la crepería Delicias de París, en Belluga, compartía su malestar: «Hicimos una inversión grande para uniformar los toldos, pagamos 6.000 euros al año en impuestos por la terraza y no nos podemos permitir pérdidas porque todo nos cuesta mucho ya. La gente se nos queja por el frío y no se sienta a tomar nada así, y estamos perdiendo dinero por no poder bajar los toldos». Asegura este empresario que las sanciones económicas por incumplir la normativa pueden llegar a rondar los 3.000 euros. La mayoría de estos locales tienen terrazas cerradas con cortavientos, como conocen a los toldos de lonas impermeables con los que delimitan la superficie que el Consistorio les autoriza para instalar mesas y sillas. Pero la ordenanza municipal reguladora de ocupación de la vía pública con terrazas y otras instalaciones recoge en su artículo 17 que «con carácter excepcional» se podrá autorizar la instalación de estructuras para soporte de cierres verticales cortavientos, y siempre y cuando haya informe técnico justificativo «en atención a las circunstancias singulares que concurran en cada caso».Plaza de Belluga. Terrazas vacías ayer, por la mañana, tras cumplir los hosteleros la obligación de subir los cortavientos.

Cierre de locales y despidos

Los hosteleros quieren que ese articulado se revise y se especifique el frío como una circunstancia adversa para evitar que no se les apliquen sanciones por los cerramientos de las terrazas. Sin embargo, los vecinos y viandantes se quejan de que estos artilugios invaden espacios de tránsito, llegando a dificultar los accesos a los edificios. Además de que constituyen un elemento distorsionador del paisaje, sobre todo en aquellos entornos declarados Bien de Interés Cultural.

La ordenanza es taxativa y señala expresamente que en el conjunto histórico se autorizarán ocupaciones con toldos «con carácter restrictivo» y ajustándose a los criterios urbanísticos vigentes de instalacion y reparacion de toldos. Pese al recordatorio de Vía Pública, ayer era patente el malestar en el sector. Juan Miguel Vera, socio del grupo La Tapa, tiene seis restaurantes en Murcia y su restaurante de la plaza de Las Flores era uno de los tres del entorno que tenía los toldos echados. «Estos días no son días de aplicar la ordenanza. Hemos llegado a tener 4 grados, y con esto ¿qué hacemos, cerramos la puerta?». Vera, que es pedáneo de Baños y Mendigo, del PP, asegura que el día que recibió la inspección llamó al concejal de Calidad Urbana, «y estoy esperando que me devuelva la llamada».

Otro empresario de Santa Catalina que ha desacatado la norma dijo que en la próxima reunión de Hostemur planteará que se convoque una huelga en el sector para protestar por esta medida, «que obligará a cerrar locales y a despedir a gente».

El incumplimiento reiterado de la ordenanza puede suponer incluso la revocación de autorizaciones.

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